El pasado, sin embargo, no se abandona: se transporta. En la parte trasera del camión incorporé la pieza Contracultura, con la imagen de un ojo que observa y vigila la historia reciente. No mira hacia lo que está por venir, sino hacia lo que ya ha ocurrido:
la ruptura histórica de los movimientos contraculturales, la juventud en resistencia, las luchas sociales y la crítica a la guerra y a las estructuras de poder dominantes. Esa mirada retrospectiva se convierte en una forma de conciencia histórica dentro de la pintura. El arte aparece aquí como punto de encuentro entre memoria e inmediatez: una práctica viva que ocurre en el presente, pero permanece cargada de tiempo.